Profr. Jacinto Cruz Huerta.
Director del área de Vinculación y Desarrollo Lingüístico del CELCI.
Hogäm’ui significa bienestar, sus acciones tienden a promover los valores morales del pueblo hñähñu, a partir de distintas estrategias basadas en su lengua, tradiciones y costumbres, y en tal virtud, este artículo versa sobre los usos y costumbres como portadores de valores morales ancestrales de la cultura hñähñu:
En la actualidad, cuando leemos notas en los diarios, o escuchamos en la radio o TV, la frase de “usos y costumbres de las comunidades indígenas”, es frecuente relacionarla con acciones de violencia, intolerancia, implementación de reglas, normas o hechos que violentan los derechos humanos.
Lo anterior, es debido al desconocimiento e incomprensión que existe sobre la idiosincrasia indígena, y porque no se ha analizado el proceso y los motivos que impulsan a la mayoría de las comunidades a tomar actitudes de esta naturaleza, si bien es cierto que algunos hechos son tremendos, también existen culpas ocultas que han permitido y alentado actos que llegan hasta estos puntos, en consecuencia, es de observarse que la mayoría de las comunidades indígenas, son influenciadas por factores externos representados por otros intereses que en nada resuelven las necesidades y sistemas de vida de las mismas.
Sin el afán de justificar lo injustificable, se plantean algunas ideas en torno a la etnia hñähñu (a la cual pertenezco), por lo que será una mirada desde el interior de la misma y bajo la perspectiva y cosmovisión de un hñähñu. Para ello, se ha optado abordar este trabajo desde distintas perspectivas —temporales, políticas y educativas—. Por esta razón, se retrocede un poco en el tiempo y se tratan de rescatar y exponer los valores más significativos de la etnia, las costumbres más arraigadas de nuestros ancestros y que hoy en día, están perdidos y olvidados en un mundo global, de competencia, de deslealtades y ambiciones, que hace de los hombres ciegos y presos de sus propias angustias. Así, se permitirá ir redescubriendo nuestro pasado histórico, nuestras características forjadas a través del tiempo, y que nada tienen que ver con los que la prensa publica hoy en día; tratando de crear conciencia para comprender nuestros verdaderos valores morales, cuyos principios generan las normas comunitarias, actitudes y conductas, construyéndose así, nuestros usos y costumbres.
Obviamente que este asunto no es sencillo, ya que se enfrentan a una serie de situaciones que en ciertos momentos complican el tema, por ejemplo: el hecho de hablar del mundo indígena, de entrada nos sitúa ante una enorme dificultad, en virtud de que en México existen cuando menos 62 lenguas indígenas, mismas que significan distintas culturas, distintas formas de vida, distinta cosmovisión, 62 mundos diferentes.
En el caso particular del pueblo hñähñu, al interior del mismo, también se encuentran diferencias; por ejemplo: De la comunidad de Cerritos, en el municipio de Ixmiquilpan, y de ese lugar a otra comunidad llamada El Espino, existe otra forma de organización y reglas distintas a las de Cerritos; de Cerritos a Pozo Mirador, solo existirá una distancia de 500 mts., y si es en línea recta es todavía menor, pero la diferencia en cuanto a cómo piensan y cómo actúan sus habitantes, en la actualidad son completamente distintas.
Para poder comprender mejor los orígenes de los usos y costumbres y en particular del pueblo hñähñu, se plantea la idea de abordar este tema a partir de tres momentos: los hñähñus en sus orígenes, la influencia colonial, y después de la Colonia.
Partiendo de la idea de que el pueblo hñähñu es muy antiguo, y que actualmente, se puede presumir que fue uno de los pueblos más grandes y antiguos de Mesoamérica, cuya tesis es sostenida a través de la etnolingüística, es decir a través del estudio de las lenguas, esto justifica que hoy día, se puedan encontrar hñähñus en muchos estados de la Republica Mexicana que han estado en constante lucha por sobrevivir a pesar de muchas contrariedades, y que es precisamente por esa constancia, y la capacidad de organización social como se ha podido sobrevivir y permanecer hasta la fecha.
De aquellos tiempos, se tienen pocos datos acerca del sistema de organización social, pero se sabe que tenían un jefe de la comunidad, sus nobles ayudantes, y que el poder se transmitía a través de un bastón de mando que daba poder y jerarquía para representar, y que desde aquellos tiempos, la honestidad, la palabra empeñada, la lealtad, el respeto, la solidaridad, la democracia, eran valores muy arraigados en la etnia, con los cuales, se puede observar la existencia de una organización social, y como consecuencia, normas que permitían la convivencia; otro dato que aporta elementos para asegurar que los hñähñus eran desde entonces un pueblo con organización social, es el hecho que narra el texto como resultado de haber descifrado un códice Don José Uribe Pimentel Ixquizuchil (el apellido último era Ixtlixochitl) cacique de Texcoco, dice que en tiempos de la gentilidad, los hñähñus se establecieron en lo que hoy es El Cardonal, y que antes de la llegada de los españoles bajaron a fundar Ixmiquilpan, hecho que contradice a la idea o crédito que en algunos documentos le otorgan a Pedro Rodríguez Escobar o al fraile agustino Andrés de Mata y Barrios como fundadores de Ixmiquilpan, pero que también ilustra, acerca de cómo ya los hñähñus eran un pueblo organizado con normas básicas de convivencia, y que éstas han sido transmitidas de generación en generación hasta nuestros días.
Retomando el tema y reflexionando un poco, se ve cómo en el mundo indígena hñähñu, la honestidad es probidad; o se es honesto o deshonesto; la palabra empeñada se cumple; no hay justificaciones como lo diría un personaje televisivo: “cuando digo una cosa digo otra”; la lealtad es rectitud; el respeto es reverencia y aceptación de que existen personas de más experiencia; la solidaridad es un acto que asegura fortaleza y trabajo de equipo, y se observa actualmente en las faenas comunitarias; la democracia es una virtud para dar paso al diálogo, a la reflexión, al consenso, que permite que en las comunidades hñähñus, se privilegie el diálogo y la toma de acuerdos.
En términos educativos, es parte de la actual política educativa, el hecho de proponer una educación con valores, cuyos principios son basados en el diálogo, la tolerancia, la reflexión, la comprensión critica para efectos de desarrollar el juicio moral a través de la autonomía de pensamiento, con el propósito de construir una sociedad más justa, más democrática, es decir, se trata de rescatar aquellos valores originales de los pueblos indígenas, del pueblo hñähñu, los cuales se encuentran perdidos o deteriorados a través del paso del tiempo.
En efecto, en el tiempo de la Colonia, estos valores que representan nuestros usos y costumbres, se fueron perdiendo o degenerando con la influencia de factores externos, que contaminaron las conductas, la mentira fue un acto necesario y parte del instinto de conservación y de supervivencia, la traición se hizo presente como resultado de la intriga, el respeto tuvo un giro que resulto obligatorio, etc.
No obstante a todas estas contrariedades, también se debe reconocer que la fusión de culturas dio origen a una sociedad con otras características, sin embargo, los hñähñus fueron uno de los grupos indígenas mexicanos más reacios a la conquista, y prueba de ello fue el establecimiento de las Republicas Indias en la región, como una forma de concesión de autoridad por parte de los españoles al no poder conquistar del todo a este pueblo, de ello se pueden citar a la República India de San Juan Bautista, hoy San Juanico; a la de Orizaba, hoy Orizabita; a de La Sabana, conocida actualmente como Los Remedios, a la de Tlazinta (barrio de El Carmen) o Ixmiquilpan, etc.
En todas ellas se puede observar una organización social producto del sincretismo cultural, pero en las que prevalecían los valores culturales de la etnia, contaban con un gobernador indio con una investidura muy respetable, y conservaba su bastón de mando como símbolo de su jerarquía; se privilegiaba el diálogo, el respeto, el valor de la palabra, etc.
Al paso de los años y ya después de la Colonia, durante la Revolución Mexicana y la Reforma, indudablemente las presiones jamás cesaron para los hñähñus, por ejemplo, el principio de estos tiempos, la idea de castellanizar, fue como una prioridad nacional, más tarde las políticas integracionistas y de asimilación tuvieron vigencia, en fin, que en casi todos los tiempos, la idea siempre fue la de desaparecer a los pueblos indígenas.
Este pasado histórico visto desde distintos ángulos, sin duda fue una gran barrera para que los pueblos indígenas no subsistieran como tal, pero sorpresivamente, a pesar de todo ello, los hñähñus aquí están, y con toda esa capacidad de organización, capaces de fundar comunidades enteras en los Estados Unidos, con toda esa entereza por salir adelante en todos los aspectos, pero sobre todo, dispuestos a seguir transmitiendo dichos valores a los hijos y futuras generaciones.
A todo esto, ¿por qué tanta insistencia en los valores morales, si originalmente se había dicho que el tema era sobre usos y costumbres? Bien, se insiste en los valores (que ya se vio, son ancestrales), porque es en la honestidad con la que los antepasados y hermanos de ahora, se inspiran para formular sus normas que dan vida y rigen las conductas de sus ciudadanos, representantes, autoridades civiles, religiosas, y demás cargos que llenan de orgullo y dignidad a quienes son investidos, que aunque distintas en cada comunidad, el principio es el mismo.
Porque es también en la palabra en donde se encuentra la base y garantía del cumplimiento de lo acordado, llámese de compromisos particulares o colectivos, de normas establecidas o de usos, costumbres o simplemente como sustento de una opinión.
Es con la lealtad y el respeto con los que se construye una forma de vida traducida en una norma comunitaria que permite la sana convivencia.
Es la solidaridad la estrategia de trabajo que hace realidad los acuerdos y compromisos pactados, cuya consecuencia es precisamente la generación de normas que impactan y buscan el bienestar social, el trabajo de equipo que ha sostenido a través de los tiempos a este pueblo. Es en la democracia donde se encuentra el espacio correcto para dialogar, dirimir las diferencias, consensuar, reflexionar y construir las normas comunitarias, asimismo el lugar donde se eligen y destituyen autoridades, sin más requisito que la simple evaluación de sus actos en donde solamente se juzga lo malo y lo bueno.
De estos valores se generan un sinfín de reglas, normas, acuerdos, convenios, multas y sanciones, que seguramente se han establecido en las diferentes comunidades, según sus contextos, pero el fondo y los principios con los que se rigen siempre serán los mismos. Por ello, cuando en una comunidad se ven violentadas sus normas, las reacciones son naturales, porque no son ellos los que originan dicha violencia, más bien ésta casi siempre tiene un principio externo al no comprender que en la cosmovisión indígena solo hay cosas buenas y cosas malas, los compromisos cumplidos y los incumplidos, no existen medias tintas.
Para concluir solo se citan algunos temas que generan dichas normas que de alguna forma resultan interesantes y dan especial característica a algunas comunidades de la región, como las faenas comunitarias; la forma de nombrar autoridades civiles y religiosas; las multas y sanciones; las cooperaciones; el valor y uso de la tierra; el saludo a los padres, a los mayores, etc. (el respeto); el servicio social; la educación; las fiestas y tradiciones; los funerales; los parentescos (consanguíneos o políticos); etc.
Es conveniente aclarar, que no obstante que ya algunas comunidades escriben sus reglas, la mayoría son orales, y a pesar de que no están escritas, éstas se respetan y se cumplen a cabalidad. En el mundo indígena y en particular en el hñähñu, las normas comunitarias basadas en la esencia original de sus valores, no necesitan contar con una sala de cabildo o recinto oficial para consensuar, llegar a acuerdos y elaborar reglas, no es necesario tener fuero para tomar con responsabilidad un compromiso que de por medio está la palabra empeñada; como tampoco habrá necesidad de una auditoria para actuar con honestidad en el patrimonio de la comunidad.
Lamentablemente, se tiene que reconocer que muchos de estos principios se han corrompido bajo la influencia de factores externos, por ello es necesario y urgente que se rescaten los orígenes y valores morales, se siga el ejemplo de mucha gente que honestamente, día con día, lucha por conseguir mejores condiciones de vida; no es casual que el periódico New York Times venga a nuestro país a investigar el origen y secreto de la organización social hñähñu, incorporarnos al mundo tecnológico y científico, pero con dignidad, respeto al prójimo y a la Madre Tierra; recordar que el futuro de la humanidad está precisamente en el respeto, la tolerancia, la diversidad, la naturaleza, en el rico patrimonio cultural que representan los valores morales originales de los usos y costumbres; que la cultura de este pueblo, “es un mundo de valores”.
Director del área de Vinculación y Desarrollo Lingüístico del CELCI.
Hogäm’ui significa bienestar, sus acciones tienden a promover los valores morales del pueblo hñähñu, a partir de distintas estrategias basadas en su lengua, tradiciones y costumbres, y en tal virtud, este artículo versa sobre los usos y costumbres como portadores de valores morales ancestrales de la cultura hñähñu:
En la actualidad, cuando leemos notas en los diarios, o escuchamos en la radio o TV, la frase de “usos y costumbres de las comunidades indígenas”, es frecuente relacionarla con acciones de violencia, intolerancia, implementación de reglas, normas o hechos que violentan los derechos humanos.
Lo anterior, es debido al desconocimiento e incomprensión que existe sobre la idiosincrasia indígena, y porque no se ha analizado el proceso y los motivos que impulsan a la mayoría de las comunidades a tomar actitudes de esta naturaleza, si bien es cierto que algunos hechos son tremendos, también existen culpas ocultas que han permitido y alentado actos que llegan hasta estos puntos, en consecuencia, es de observarse que la mayoría de las comunidades indígenas, son influenciadas por factores externos representados por otros intereses que en nada resuelven las necesidades y sistemas de vida de las mismas.
Sin el afán de justificar lo injustificable, se plantean algunas ideas en torno a la etnia hñähñu (a la cual pertenezco), por lo que será una mirada desde el interior de la misma y bajo la perspectiva y cosmovisión de un hñähñu. Para ello, se ha optado abordar este trabajo desde distintas perspectivas —temporales, políticas y educativas—. Por esta razón, se retrocede un poco en el tiempo y se tratan de rescatar y exponer los valores más significativos de la etnia, las costumbres más arraigadas de nuestros ancestros y que hoy en día, están perdidos y olvidados en un mundo global, de competencia, de deslealtades y ambiciones, que hace de los hombres ciegos y presos de sus propias angustias. Así, se permitirá ir redescubriendo nuestro pasado histórico, nuestras características forjadas a través del tiempo, y que nada tienen que ver con los que la prensa publica hoy en día; tratando de crear conciencia para comprender nuestros verdaderos valores morales, cuyos principios generan las normas comunitarias, actitudes y conductas, construyéndose así, nuestros usos y costumbres.
Obviamente que este asunto no es sencillo, ya que se enfrentan a una serie de situaciones que en ciertos momentos complican el tema, por ejemplo: el hecho de hablar del mundo indígena, de entrada nos sitúa ante una enorme dificultad, en virtud de que en México existen cuando menos 62 lenguas indígenas, mismas que significan distintas culturas, distintas formas de vida, distinta cosmovisión, 62 mundos diferentes.
En el caso particular del pueblo hñähñu, al interior del mismo, también se encuentran diferencias; por ejemplo: De la comunidad de Cerritos, en el municipio de Ixmiquilpan, y de ese lugar a otra comunidad llamada El Espino, existe otra forma de organización y reglas distintas a las de Cerritos; de Cerritos a Pozo Mirador, solo existirá una distancia de 500 mts., y si es en línea recta es todavía menor, pero la diferencia en cuanto a cómo piensan y cómo actúan sus habitantes, en la actualidad son completamente distintas.
Para poder comprender mejor los orígenes de los usos y costumbres y en particular del pueblo hñähñu, se plantea la idea de abordar este tema a partir de tres momentos: los hñähñus en sus orígenes, la influencia colonial, y después de la Colonia.
Partiendo de la idea de que el pueblo hñähñu es muy antiguo, y que actualmente, se puede presumir que fue uno de los pueblos más grandes y antiguos de Mesoamérica, cuya tesis es sostenida a través de la etnolingüística, es decir a través del estudio de las lenguas, esto justifica que hoy día, se puedan encontrar hñähñus en muchos estados de la Republica Mexicana que han estado en constante lucha por sobrevivir a pesar de muchas contrariedades, y que es precisamente por esa constancia, y la capacidad de organización social como se ha podido sobrevivir y permanecer hasta la fecha.
De aquellos tiempos, se tienen pocos datos acerca del sistema de organización social, pero se sabe que tenían un jefe de la comunidad, sus nobles ayudantes, y que el poder se transmitía a través de un bastón de mando que daba poder y jerarquía para representar, y que desde aquellos tiempos, la honestidad, la palabra empeñada, la lealtad, el respeto, la solidaridad, la democracia, eran valores muy arraigados en la etnia, con los cuales, se puede observar la existencia de una organización social, y como consecuencia, normas que permitían la convivencia; otro dato que aporta elementos para asegurar que los hñähñus eran desde entonces un pueblo con organización social, es el hecho que narra el texto como resultado de haber descifrado un códice Don José Uribe Pimentel Ixquizuchil (el apellido último era Ixtlixochitl) cacique de Texcoco, dice que en tiempos de la gentilidad, los hñähñus se establecieron en lo que hoy es El Cardonal, y que antes de la llegada de los españoles bajaron a fundar Ixmiquilpan, hecho que contradice a la idea o crédito que en algunos documentos le otorgan a Pedro Rodríguez Escobar o al fraile agustino Andrés de Mata y Barrios como fundadores de Ixmiquilpan, pero que también ilustra, acerca de cómo ya los hñähñus eran un pueblo organizado con normas básicas de convivencia, y que éstas han sido transmitidas de generación en generación hasta nuestros días.
Retomando el tema y reflexionando un poco, se ve cómo en el mundo indígena hñähñu, la honestidad es probidad; o se es honesto o deshonesto; la palabra empeñada se cumple; no hay justificaciones como lo diría un personaje televisivo: “cuando digo una cosa digo otra”; la lealtad es rectitud; el respeto es reverencia y aceptación de que existen personas de más experiencia; la solidaridad es un acto que asegura fortaleza y trabajo de equipo, y se observa actualmente en las faenas comunitarias; la democracia es una virtud para dar paso al diálogo, a la reflexión, al consenso, que permite que en las comunidades hñähñus, se privilegie el diálogo y la toma de acuerdos.
En términos educativos, es parte de la actual política educativa, el hecho de proponer una educación con valores, cuyos principios son basados en el diálogo, la tolerancia, la reflexión, la comprensión critica para efectos de desarrollar el juicio moral a través de la autonomía de pensamiento, con el propósito de construir una sociedad más justa, más democrática, es decir, se trata de rescatar aquellos valores originales de los pueblos indígenas, del pueblo hñähñu, los cuales se encuentran perdidos o deteriorados a través del paso del tiempo.
En efecto, en el tiempo de la Colonia, estos valores que representan nuestros usos y costumbres, se fueron perdiendo o degenerando con la influencia de factores externos, que contaminaron las conductas, la mentira fue un acto necesario y parte del instinto de conservación y de supervivencia, la traición se hizo presente como resultado de la intriga, el respeto tuvo un giro que resulto obligatorio, etc.
No obstante a todas estas contrariedades, también se debe reconocer que la fusión de culturas dio origen a una sociedad con otras características, sin embargo, los hñähñus fueron uno de los grupos indígenas mexicanos más reacios a la conquista, y prueba de ello fue el establecimiento de las Republicas Indias en la región, como una forma de concesión de autoridad por parte de los españoles al no poder conquistar del todo a este pueblo, de ello se pueden citar a la República India de San Juan Bautista, hoy San Juanico; a la de Orizaba, hoy Orizabita; a de La Sabana, conocida actualmente como Los Remedios, a la de Tlazinta (barrio de El Carmen) o Ixmiquilpan, etc.
En todas ellas se puede observar una organización social producto del sincretismo cultural, pero en las que prevalecían los valores culturales de la etnia, contaban con un gobernador indio con una investidura muy respetable, y conservaba su bastón de mando como símbolo de su jerarquía; se privilegiaba el diálogo, el respeto, el valor de la palabra, etc.
Al paso de los años y ya después de la Colonia, durante la Revolución Mexicana y la Reforma, indudablemente las presiones jamás cesaron para los hñähñus, por ejemplo, el principio de estos tiempos, la idea de castellanizar, fue como una prioridad nacional, más tarde las políticas integracionistas y de asimilación tuvieron vigencia, en fin, que en casi todos los tiempos, la idea siempre fue la de desaparecer a los pueblos indígenas.
Este pasado histórico visto desde distintos ángulos, sin duda fue una gran barrera para que los pueblos indígenas no subsistieran como tal, pero sorpresivamente, a pesar de todo ello, los hñähñus aquí están, y con toda esa capacidad de organización, capaces de fundar comunidades enteras en los Estados Unidos, con toda esa entereza por salir adelante en todos los aspectos, pero sobre todo, dispuestos a seguir transmitiendo dichos valores a los hijos y futuras generaciones.
A todo esto, ¿por qué tanta insistencia en los valores morales, si originalmente se había dicho que el tema era sobre usos y costumbres? Bien, se insiste en los valores (que ya se vio, son ancestrales), porque es en la honestidad con la que los antepasados y hermanos de ahora, se inspiran para formular sus normas que dan vida y rigen las conductas de sus ciudadanos, representantes, autoridades civiles, religiosas, y demás cargos que llenan de orgullo y dignidad a quienes son investidos, que aunque distintas en cada comunidad, el principio es el mismo.
Porque es también en la palabra en donde se encuentra la base y garantía del cumplimiento de lo acordado, llámese de compromisos particulares o colectivos, de normas establecidas o de usos, costumbres o simplemente como sustento de una opinión.
Es con la lealtad y el respeto con los que se construye una forma de vida traducida en una norma comunitaria que permite la sana convivencia.
Es la solidaridad la estrategia de trabajo que hace realidad los acuerdos y compromisos pactados, cuya consecuencia es precisamente la generación de normas que impactan y buscan el bienestar social, el trabajo de equipo que ha sostenido a través de los tiempos a este pueblo. Es en la democracia donde se encuentra el espacio correcto para dialogar, dirimir las diferencias, consensuar, reflexionar y construir las normas comunitarias, asimismo el lugar donde se eligen y destituyen autoridades, sin más requisito que la simple evaluación de sus actos en donde solamente se juzga lo malo y lo bueno.
De estos valores se generan un sinfín de reglas, normas, acuerdos, convenios, multas y sanciones, que seguramente se han establecido en las diferentes comunidades, según sus contextos, pero el fondo y los principios con los que se rigen siempre serán los mismos. Por ello, cuando en una comunidad se ven violentadas sus normas, las reacciones son naturales, porque no son ellos los que originan dicha violencia, más bien ésta casi siempre tiene un principio externo al no comprender que en la cosmovisión indígena solo hay cosas buenas y cosas malas, los compromisos cumplidos y los incumplidos, no existen medias tintas.
Para concluir solo se citan algunos temas que generan dichas normas que de alguna forma resultan interesantes y dan especial característica a algunas comunidades de la región, como las faenas comunitarias; la forma de nombrar autoridades civiles y religiosas; las multas y sanciones; las cooperaciones; el valor y uso de la tierra; el saludo a los padres, a los mayores, etc. (el respeto); el servicio social; la educación; las fiestas y tradiciones; los funerales; los parentescos (consanguíneos o políticos); etc.
Es conveniente aclarar, que no obstante que ya algunas comunidades escriben sus reglas, la mayoría son orales, y a pesar de que no están escritas, éstas se respetan y se cumplen a cabalidad. En el mundo indígena y en particular en el hñähñu, las normas comunitarias basadas en la esencia original de sus valores, no necesitan contar con una sala de cabildo o recinto oficial para consensuar, llegar a acuerdos y elaborar reglas, no es necesario tener fuero para tomar con responsabilidad un compromiso que de por medio está la palabra empeñada; como tampoco habrá necesidad de una auditoria para actuar con honestidad en el patrimonio de la comunidad.
Lamentablemente, se tiene que reconocer que muchos de estos principios se han corrompido bajo la influencia de factores externos, por ello es necesario y urgente que se rescaten los orígenes y valores morales, se siga el ejemplo de mucha gente que honestamente, día con día, lucha por conseguir mejores condiciones de vida; no es casual que el periódico New York Times venga a nuestro país a investigar el origen y secreto de la organización social hñähñu, incorporarnos al mundo tecnológico y científico, pero con dignidad, respeto al prójimo y a la Madre Tierra; recordar que el futuro de la humanidad está precisamente en el respeto, la tolerancia, la diversidad, la naturaleza, en el rico patrimonio cultural que representan los valores morales originales de los usos y costumbres; que la cultura de este pueblo, “es un mundo de valores”.

2 comentarios:
Jacinto:
Xa ra hño ri noya.
Gä nzenjuahu ma 'na rä pa,
David Wright
Ndunthi di Jamadi nda David, hñangä n'a rä nzenjua ha ne thogi te rä entho.
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